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martes, abril 30

humor negro doméstico


Cansada de obedecer, había encerrado a su marido en el horno, solamente hasta que tuviese que abrirle para meter el pollo….mientras pelaba cebollas aprovechaba para llorar un poco, y recorrió toda su vida, de atrás para adelante, y se detuvo en su último cumpleaños que había celebrado con su familia, la que ahora no quería verla, porque después de lo de su hermana ya nadie la volvió a llamar, ni a regalar nada, ni a querer…llorar era una forma de liberarse pero no solucionaba nada.

Mientras lavaba el cuchillo, saltó una chispa del calefón que le hizo pensar que ojalá todo volase por los aires, como si nada. Y de repente se dio cuenta, de nuevo, de la chispa, y del terror dejó caer el cuchillo que le atravesó el pie izquierdo…y entonces quiso reaccionar rápido y se paralizó…la chispa, el calefón, el horno, su marido, la vida, la puerta del horno que nunca abría bien, el horno que perdía gas, el marido de nuevo tratando de romper el vidrio con los puños….la herida en el pie le hizo sentir finalmente que ya no podía vivir con todo eso, pero...por suerte….la vida, el gas que se acabó, la puerta del horno rota, su marido estirado a sus pies, exhausto, la miraba, su mano había caído sobe su empeine y le arrancó el cuchillo clavado...ella se estremeció, se dejó caer, a su lado, él la seguía mirando ahora con una media sonrisa….”querida…te dije que no era un buen día para comer pollo, nunca me haces caso”.

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