por una desafortunada conversación me doy cuenta que aún tengo que aprender a poner a la familia en el lugar que corresponde, que no es el lugar desde donde te quitan vida, sino desde donde te la dan, si quieren, y si no, ahí se quedan, en su lugar, visitable, amable, hogareño, tradicional, donde hay apoyo, constancia, cariño, donde hay vivencias, crecimiento, pero donde no cabe el chantaje, la ira, la huida ni la entrega incondicional