Hoy me encontré con los almendros en flor, por la calle, de repente, es así como a veces la vida te acoge, con sus colores, sus formas, te mira, te guiña el ojo, te roza la piel, te susurra: ya es casi primavera, el día alarga, las flores brotan; igual que el ciclo de la vida, así es el corazón, la sangre, la alegría.
Un día devolveré este regalo de la vida y plantaré un jardín desordenado, silvestre, lleno de jazmín, lavanda, con arbustos espinosos, árboles exóticos, caminaré descalza, pisando piedras, oleré la tierra mojada por la lluvia de ayer, descansaré en la hamaca, tocaré la guitarra, me atrapará la noche que se acercaba lenta por el camino del atardecer, me miraré a mi misma, suspiraré dichosa de mi trocito de tierra con olor a romero, y entraré en casa, a cobijarme con las mantas y retomar el dibujo que dejé a medias.
Me acostaré en la cama, encenderé una vela, agradeceré a la vida por tanta belleza