Me gusta bajar al parque de aquí cerca, como si fuese parte de mi casa; bajar con calcetines y chanclas, casi en pijama…antes de que lo cierren.
Caminar lenta como caminaba en Brasil, en aquella isla playa, dar una vuelta, siempre la misma, coger un poco de ruda de aquella planta, sentarme en el banco de siempre, hoy que casi no hay luna, banco testigo de todas mis etapas, mis vaivenes y mis dramas.
Me gusta ver que los árboles se ennegrecen mientras el cielo azul cada vez es más intenso.
Miro la luna, suena en algún piso una guitarra y mucha gente canta, cuántas veces viví eso en mi casa de Cochabamba, cuántos artistas, malabares de fuego, bailes y sambas.
Me gusta sentir el frío de la noche, mirar Barcelona iluminada, saber que, aunque muchos duelos han pasado en poco tiempo, siempre puedo caminar por la nostalgia.
Me gusta llegar a casa, abrir mi cofre de palabras, o de lápices de colores, sacar punta a la emoción y plasmarla en un dibujo, en un escrito o en una lágrima.
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