Hay dolores que vienen de lejos, que tienen raíces y recuerdos, dolores que estaban escondidos en notas de canciones, en olores, en palabras, en imágenes, que estaban callados hasta que tomaron voz, o grito, o se apropiaron del cuerpo. Quizá la única forma que tengo, a parte de rendirme a ellos, es mirarlos, es tirar del hilo, es llorar lo que tenga que llorar, hasta que el hilo se vuelve líquido, y el llanto se vuelve paz.
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