Bajo la piel está la carne y la sangre que corre por las venas, que lleva vida al corazón que late, que mueve nuestro cuerpo y nuestra fortaleza interna.
Bajo los ojos está la mirada, y más allá la intuición, que conecta lo que hacemos con lo que realmente queremos.
Bajo el corazón y la carne, los huesos, que nos recuerdan que todo es pasajero, que serán los últimos que se irán de este mundo, cuando ya no estemos.
Y así la vida, preciosa, cambiante, sorpresiva, empieza con un movimiento, del corazón, de la sangre, de la mirada, de nuestro cuerpo y nuestros huesos, caminando hacia algún deseo, alguna ilusión, algún sueño.
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