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jueves, mayo 9

ligera


Me ha llamado alguien, me había quedado dormida, he tardado en contestar pero han vuelto a llamar. No me dijo quien era, pero al escucharle sentía ganas de verle, era un hombre el que hablaba, una voz de hombre que me gustaba, una voz algo ronca, de esas voces de hombre que dan ganas de dejar grabadas en el contestador durante meses para irlas escuchando de vez en cuando, de esas voces que te calan hondo, que te estremecen: adiós cariño, buenas noches, nos vemos mañana, un besazo, que ya tengo muchas ganas de estar contigo.

Ya tengo muchas ganas de estar contigo….ya tengo….significa algo fuerte, ya tengo significa que yo tengo una vida con él, qué suerte, creo que lo que tengo es suerte, soy una mujer con suerte, me parece, sí, me parece que sí.


Miro el comedor, sólo mi cara se asoma al frío, toda yo estoy bien tapada con uno de esos edredones nórdicos que tanto me gustan. Por suerte descubro que tengo una copita de vino tinto a mi lado, el vino me da seguridad, eso sí lo recuerdo, es como un aroma familiar, de infancia, creo que la postura, el vino a mi lado y el estar tapada me hace sentir más como en casa; el resto de lo que veo me suena a chino.

Y como no sé qué hacer, sigo mirando: una maceta pequeña, varias plantas, la mayoría palmeras, una tele, libros, figuritas de cerámica, todas son artesanales, no hay cosas brillantes, todo es como de cerámica sencilla, o pintado a mano con colores vivos, me siento en un lugar muy terrenal, muy vivo, como si el lugar respirase, y me siento bien, como se sentiría alguien que llega a casa.

Tomo un sorbito, lo cato, me siento tranquila, solo siento, trato de no pensar demasiado porque me agota, me digo: espero no estar trabajando en esta temporada, me gustaría caminar por la ciudad mañana.

Miro alrededor mío, me encanta que no haya cortinas porque eso me hace estar más cerca de la calle y del sol y del cielo, menos encerrada, creo que no me gusta nada estar encerrada.

Me acuerdo ahora otra vez de la voz que llamó, seguramente el hombre de la voz vive conmigo, pues me llamaba cariño y me decía hasta mañana, y debe ser suya la ropa tirada en la silla… ¿Cómo hará el amor?, ¿será cariñoso?, sí, debe ser cariñoso, lo digo porque esas plantas están muy bien cuidadas y, ya se sabe, cuidar una planta no es sólo cosa de manos. ¡Qué ganas tengo de que llegue para disfrutarlo!....

Pasa mucho rato porque el reloj de la plaza de enfrente marca una hora o dos más, no tengo ni idea de quién soy, si deberé ser alguien mañana, pero no me preocupa demasiado, creo que hasta lo prefiero, y cuando digo lo prefiero siento que mi cara se afloja, me doy cuenta que ha estado tensa todo este rato, o quizá ¿habrá estado así toda la vida?....de nuevo, la vuelvo a aflojar, es cierto, se tensa sola, casi sola, porque si yo puedo aflojarla es porque yo misma la tenso, ¿no?, ¿Qué querrá decir esto?.

Me levantaré mañana, o en un rato, no sé qué hora es, me vestiré atrevida, me pintaré los ojos, con sombra, me pondré zapatos altos, me tomaré un café en la cafetería y llegaré tarde a la oficina, me sonreirán los chicos al pasar, me llamará otra vez este hombre de la voz bonita y me invitará a cenar en un restaurante nuevo, italiano, uno que hace esquina, y me pedirá que me case con él, porque anillo no llevo, así que puede suceder.

Me dejaré llevar mañana, desde la barbilla hasta la esquina y que sea lo que tenga que ser.

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