Me ha llamado
alguien, me había quedado dormida, he tardado en contestar pero han vuelto a
llamar. No me dijo quien era, pero al escucharle sentía ganas de verle, era un
hombre el que hablaba, una voz de hombre que me gustaba, una voz algo ronca, de
esas voces de hombre que dan ganas de dejar grabadas en el contestador durante
meses para irlas escuchando de vez en cuando, de esas voces que te calan hondo,
que te estremecen: adiós cariño, buenas noches, nos vemos mañana, un besazo,
que ya tengo muchas ganas de estar contigo.
Ya tengo muchas ganas
de estar contigo….ya tengo….significa algo fuerte, ya tengo significa que yo tengo
una vida con él, qué suerte, creo que lo que tengo es suerte, soy una mujer con
suerte, me parece, sí, me parece que sí.
Miro el comedor, sólo
mi cara se asoma al frío, toda yo estoy bien tapada con uno de esos edredones
nórdicos que tanto me gustan. Por suerte descubro que tengo una copita de vino
tinto a mi lado, el vino me da seguridad, eso sí lo recuerdo, es como un aroma familiar,
de infancia, creo que la postura, el vino a mi lado y el estar tapada me hace
sentir más como en casa; el resto de lo que veo me suena a chino.
Y como no sé qué
hacer, sigo mirando: una maceta pequeña, varias plantas, la mayoría palmeras,
una tele, libros, figuritas de cerámica, todas son artesanales, no hay cosas
brillantes, todo es como de cerámica sencilla, o pintado a mano con colores
vivos, me siento en un lugar muy terrenal, muy vivo, como si el lugar
respirase, y me siento bien, como se sentiría alguien que llega a casa.
Tomo un sorbito, lo
cato, me siento tranquila, solo siento, trato de no pensar demasiado porque me
agota, me digo: espero no estar trabajando en esta temporada, me gustaría
caminar por la ciudad mañana.
Miro alrededor mío, me
encanta que no haya cortinas porque eso me hace estar más cerca de la calle y
del sol y del cielo, menos encerrada, creo que no me gusta nada estar encerrada.
Me acuerdo ahora otra
vez de la voz que llamó, seguramente el hombre de la voz vive conmigo, pues me
llamaba cariño y me decía hasta mañana, y debe ser suya la ropa tirada en la
silla… ¿Cómo hará el amor?, ¿será cariñoso?, sí, debe ser cariñoso, lo digo
porque esas plantas están muy bien cuidadas y, ya se sabe, cuidar una planta no
es sólo cosa de manos. ¡Qué ganas tengo de que llegue para disfrutarlo!....
Pasa mucho
rato porque el reloj de la plaza de enfrente marca una hora o dos más, no tengo
ni idea de quién soy, si deberé ser alguien mañana, pero no me preocupa demasiado,
creo que hasta lo prefiero, y cuando digo lo prefiero siento que mi cara se
afloja, me doy cuenta que ha estado tensa todo este rato, o quizá ¿habrá estado
así toda la vida?....de nuevo, la vuelvo a aflojar, es cierto, se tensa sola,
casi sola, porque si yo puedo aflojarla es porque yo misma la tenso, ¿no?, ¿Qué
querrá decir esto?.
Me levantaré mañana, o en un rato, no sé qué
hora es, me vestiré atrevida, me pintaré los ojos, con sombra, me pondré
zapatos altos, me tomaré un café en la cafetería y llegaré tarde a la oficina,
me sonreirán los chicos al pasar, me llamará otra vez este hombre de la voz
bonita y me invitará a cenar en un restaurante nuevo, italiano, uno que hace
esquina, y me pedirá que me case con él, porque anillo no llevo, así que puede
suceder.
Me dejaré llevar mañana, desde la barbilla
hasta la esquina y que sea lo que tenga que ser.
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